CUÁN GRANDE ES ÉL

6 de octubre de 2011

ORACIÓN DE TODOS, ORACIÓN POR TODOS

SON VERDAD LOS MILAGROS

Kathryn Kuhlman "La mujer que mostró al Espíritu Santo como el Amigo" Kathryn Kuhlman, "la mujer que creía en los milagros" En medio de este profundo silencio una voz dice: "¡Creo en los milagros!" y comienza un nuevo culto de milagros con Kathryn Kuhlman. Su ministerio, único, cambió el énfasis en el cuerpo de Cristo, que pasó de la demostración externa de los dones al Dador de los dones: el Espíritu Santo. Muchos han tratado de imitar su voz y sus movimientos teatrales, pero sin resultado. Ella fue un ejemplo de una persona que no temió pagar el precio de andar en el servicio de Dios. Por Roberts Liardon Kathryn Johanna Kuhlman nació el 9 de mayo de 1907 en Misuri, Estados Unidos. Y tenía catorce años cuando nació de nuevo. Durante su vida relató muchas veces la historia de cómo respondió a lo que parecía ser un llamado soberano proveniente en forma directa del Espíritu Santo, no de ninguna persona. Ella venía de un trasfondo "religioso", más que espiritual, por lo que las iglesias a las que asistía nunca hacían llamados para recibir la salvación. El padre de Kathryn estaba de pie en la cocina cuando ella llegó corriendo de la iglesia para compartir la buena noticia con él. Acostumbraba contarle todo. En sus propias palabras, se lanzó sobre él y le dijo: "Papá... ¡Jesús ha entrado en mi corazón!" Sin mostrar ninguna emoción, su padre sólo dijo: "Me alegro". Kathryn recordaba que nunca estuvo realmente segura de si su padre había comprendido en verdad lo que le había dicho. Finalmente, la jovencita decidió asistir a la iglesia bautista a la que iba su padre, en lugar de la metodista a la que iba su madre. Aun entonces, ya tenía ideas propias. La doncella evangelista Una característica de aquellos que Dios usa en gran manera es que están dispuestos a dejarlo todo y seguir su dirección. En 1913, la hermana mayor de Kathryn, Myrtle, se casó con un joven y apuesto evangelista que estaba terminando sus estudios en el Instituto Bíblico Moody. Myrtle y Everett Parrott comenzaron un ministerio como evangelistas itinerantes. Aproximadamente diez años más tarde, en 1924, Myrtle y Kathryn persuadieron a sus padres de que la voluntad de Dios era que Kathryn viajara con ellos. En ese momento, los Parrott tenían su base en Oregon. Habían conocido a un renombrado maestro y evangelista, el Dr. Charles S. Price, quien tenía un ministerio de sanidad y les enseñó sobre el bautismo en el Espíritu Santo. Kathryn pasó cinco años con su hermana y su cuñado, se preparaba lo que sería la base de su propio ministerio. Trabajaba en la casa para aliviar cualquier carga que su presencia pudiera significar, y pasaba muchas horas leyendo y estudiando la Palabra. En 1928, los Parrott llegaron a Boise, Idaho. Para este entonces habían adquirido una carpa y tenían una pianista llamada Helen Gulliford. Poco tiempo después Helen y Kathryn, como Pablo y Bernabé en la iglesia del Nuevo Testamento, decidieron separarse de los Parrot. Un pastor de Boise les ofreció la posibilidad de predicar en un pequeño salón de billar que había sido reacondicionado para servir como salón de reuniones. Ese fue el comienzo del "Ministerio Kathryn Kuhlman". "¡Quiero que sea grande!" Después de predicar en todo Idaho, Kathryn y Helen fueron hacia Colorado. Luego de una campaña de seis meses en Pueblo, llegaron a Denver. Un hombre de negocios, Earl F. Hewitt, se había unido a ella en Pueblo, como administrador del ministerio. En ese año, 1933, la depresión estaba en su punto más alto. Sin embargo, ella creía que si servimos a un Dios de recursos limitados, entonces estamos sirviendo al dios equivocado. Kathryn vivía por el principio de fe y confiaba en Dios. Por eso dijo a Hewitt que fuera a Denver y actuara como si tuvieran un millón de dólares. Le dijo: "Ve a Denver. Alquila el edificio más grande que encuentres. Consigue el mejor piano disponible para Helen. Llena el local de sillas. Manda a publicar un anuncio grande en el Denver Post y haz propaganda por radio, en todas las emisoras. Este es el negocio de Dios, y vamos a hacerlo a su manera: ¡A lo grande!" Hewitt le tomó la palabra y siguió sus instrucciones. El lugar había sido un depósito de la compañía Montgomery Ward. Las reuniones se prolongaron por cinco meses, durante los cuales se mudaron a otro depósito. Después de cinco meses, un hombre se ofreció a dar un adelanto para un edificio que pudieran usar en forma permanente y que tuviera un gran cartel de neón que diría: "La oración cambia las cosas". Dado que la respuesta a su ministerio era tan grande, Kathryn accedió a quedarse en Denver. En febrero de 1935, se abrió el Tabernáculo del Avivamiento de Denver, con el enorme cartel de neón que le habían prometido: "LA ORACIÓN CAMBIA LAS COSAS". El auditorio tenía capacidad para dos mil personas sentadas. Durante los siguientes cuatro años, miles de personas asistieron a las reuniones. Se realizaban cultos todas las noches, excepto los lunes. El paso en falso En 1935, un predicador llamado Burroughs A. Waltrip, de Austin, Texas, fue invitado a predicar en el Tabernáculo. Era un hombre extremadamente apuesto, ocho años mayor que Kathryn. Pronto ambos descubrieron que había una atracción entre ellos. El único problema era que este hombre estaba casado y tenía dos hijos pequeños. Kathryn aparentemente ignoró las señales del Espíritu Santo en su interior, que le indicaban que esta relación era un error. Poco después de su primera visita a Denver, Waltrip se divorció de su primera esposa y dijo a todos que fue ella quien lo había abandonado. El error Después de dejar a su familia, Waltrip se mudó a Mason City, Iowa, presentándose como un hombre soltero, e inició un centro evangelístico llamado Radio Chapel. Se lo conocía como un evangelista dramático y sensacionalista, y comenzó a emitir diariamente desde la Capilla. Kathryn y Helen fueron allí para ayudarlo a reunir fondos para su ministerio. Pronto, la relación romántica entre Kathryn y Waltrip, a quien ella llamaba "Mister" se hizo pública. Helen y otros amigos de Denver trataron de persuadir a Kathryn de que no se casara con el apuesto evangelista, pero ella insistía en que su esposa lo había dejado, lo cual lo hacía libre para casarse nuevamente. Kathryn decidió creer la historia que Waltrip contaba, pero mientras preparaban la boda, su corazón estaba constantemente turbado. No tenía paz en su espíritu. La mayoría de la gente dice que "Mister" no amaba a Kathryn en absoluto. Lo que amaba era su capacidad para atraer multitudes y reunir fondos. Este hombre era bien conocido por su codicia y su estilo de vida extravagante. Antes de la fecha decidida para el matrimonio en Mason City, Kathryn comentó el tema con sus amigas, Lottie Anthony y Helen. Lottie recuerda que Kathryn dijo: "Es que no logro encontrar la voluntad de Dios sobre este tema". Las mujeres trataron de convencer a Kathryn de que esperara y buscara tener paz en Dios. Pero ella no las escuchó. Cuando los recién casados regresaron a Des Moines después de la ceremonia, Kathryn hizo algo extraño. Después de registrarse en el hotel, se negó a quedarse con su nuevo esposo. Su amiga Lottie Anthony dice que ella se metió en el auto y se dirigió rápidamente hacia el hotel donde ella y Helen se hospedaban. Kathryn se quedó en el cuarto de sus amigas, llorando y admitiendo que había cometido un error al casarse, y que pediría la anulación del matrimonio. Las tres mujeres salieron de Des Moines: esperaban explicar la situación a la congregación en Denver. Pero la congregación no les dio ninguna oportunidad. Estaban furiosos con Kathryn. Sueños destrozados La obra que Kathryn había construido tan diligentemente durante los cinco años anteriores se desintegró con rapidez. Kathryn Kuhlman, la mujer que algunos habían adorado como "perfecta madonna" era, en realidad, un ser humano sujeto a tentaciones. Ella fue una gran mujer de Dios, pero lo que la hizo grande fue la decisión de actuar para recuperarse de su error. Pero esto no se produjo de un día para otro. Kathryn pasó los siguientes ocho años en completo anonimato en lo que al gran ministerio se refiere. Pero a partir del momento en que tomó su decisión, Kathryn nunca se apartó del llamado de su vida, nunca se desvió de la senda que Dios había trazado para ella. El dia que Kathryn Kuhlman murio Ella cuenta el día que se decidió ponerle punto final fue ese sábado a las cuatro de la tarde morí en ese callejón sin salida. Fue la voluntad de Dios para mi vida. Hoy puedo llevarte a una calle sin salida en cierta cuidad en un determinado estado, donde rendí todo a cristo: mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Caminando por allí, con lágrimas corriendo por mis mejillas, por primera vez en mi vida, fui toda de El y nada de mí. Cuando rendí total y completamente todo a Jesús, el Espíritu Santo tomo ese vaso vació, y eso es todo lo que el pide. ¡Ese día fue el amanecer del día más grande de mi vida! No tuve un ministerio real hasta ese día que camine por esa pequeña calle sin salida, y me rendí por entero a Él. A partir de ese momento ella nunca se aparto del llamado de su vida, nunca se desvió de la senda que dios había trazado para ella, y nunca mas volvió a ver mister después de que compro un boleto de ida a franklin Pensilvana. Las muchas voces Poco después de iniciar sus reuniones en el Gospel Tabernáculo (Pensilvania), comenzó un programa diario en la radio WKRZ en Oil City. A los pocos meses, la respuesta de la gente era tal, que sumó otra estación en Pittsburgh. Repentinamente, en lugar de que las personas la acosaran, Kathryn se vio inundada de correspondencia; la estación de Oil City finalmente debió prohibir a las personas que entraran al estudio, porque no se podía trabajar. En esta época del fin de la guerra, el Espíritu Santo se movía para restaurar al cuerpo de Cristo por medio del don de la sanidad. Las grandes campañas de sanidad estaban al orden del día. En ese momento Kathryn aún oraba principalmente para que las personas fueran salvas. Pero también comenzó a orar e imponer las manos a quienes necesitaban sanidad. No tenía la más mínima idea de que esta área del ministerio le daría fama internacional. A medida que su ministerio se desarrollaba, Kathryn comenzó a poner menos énfasis en la fe, y más en la soberanía del Espíritu Santo. En sus reuniones no había tarjetas de oración, ni carpas para los inválidos, ni largas filas de personas enfermas que esperaran que ella les impusiera las manos. Kathryn nunca acusó a los que no recibían sanidad de ser débiles en la fe. Parecía que las sanidades se producían en todo el auditorio mientras la gente estaba simplemente en sus asientos, concentrados en Jesús, con la mirada puesta en el cielo. Demasiados como para nombrarlos a todos ¿Cuáles fueron algunos de los milagros más destacados? Aunque hubo miles y miles de milagros, el mayor milagro, para Kathryn, era que una persona naciera de nuevo. En cierta ocasión, un niño de cinco años, paralítico de nacimiento, caminó hacia la plataforma sin ayuda de nadie. Otra vez, una mujer que había estado paralítica y confinada a una silla de ruedas durante doce años, caminó hacia la plataforma sin ayuda de su esposo. En Filadelfia, un hombre al que le habían colocado un marcapasos ocho meses antes, sintió un dolor intenso en su pecho cuando Kathryn le impuso las manos. Al llegar a su casa, descubrió que la cicatriz de la operación se había borrado, y no estaba seguro de si el marcapasos funcionaba. Más tarde, cuando el médico ordenó tomarle algunas radiografías, descubrieron que el marcapasos había desaparecido ¡y el corazón estaba totalmente sano! Era común que los tumores se disolvieran, los cánceres se esfumaran, los ciegos vieran y los sordos oyeran. Las migrañas eran sanadas instantáneamente. Aun los huecos en los dientes eran rellenados por intervención divina. Sería imposible dar una lista de los milagros que se produjeron a través del ministerio de Kathryn. Sólo Dios lo sabe. Ella solía llorar de gozo al ver los miles de personas sanadas por el poder de Dios. Algunos recuerdan que las lágrimas caían hasta sobre sus manos. También se dice que Kathryn lloraba al ver las personas que se iban de sus cultos aún en sus sillas de ruedas o enfermas. Nunca trató de explicar por qué algunos recibían su sanidad, y otros no. Ella creía que la responsabilidad era de Dios. Le agradaba referirse a sí misma como "vendedora", no "gerente". Cualquier cosa que la Gerencia decidiera hacer, ella estaba obligada a obedecer. Pero solía decir que esa era una de las primeras preguntas que le haría a Dios cuando llegara al cielo. Estoy bien con mi Dios El último culto de milagros de su ministerio fue realizado en el Auditorio Shrine de Los Ángeles, California, el 16 de noviembre de 1975. Cuando Kathryn abandonaba el auditorio, una empleada de su oficina de Hollywood vio algo que nunca olvidaría. Mientras todos salían del auditorio, Kathryn caminó en silencio hasta el final de la plataforma. Una vez allí, levantó la cabeza y recorrió lentamente con su mirada la planta alta de asientos, como si estudiara a cada uno, durante un tiempo que pareció una eternidad. Luego bajó la mirada a la segunda sección, siguió cada fila y cada asiento con la mirada. Finalmente estudió detalladamente cada uno de los asientos de la planta baja. Solo podemos imaginar lo que pasaba por la mente de Kathryn: los recuerdos, las victorias, las sanidades, las risas, las lágrimas. ¿Sería posible que ella supiera que jamás volvería a pisar la plataforma? ¿Sería posible que en ese momento estuviera despidiéndose de su ministerio terrenal? Sólo tres semanas después de ese día de noviembre, Kathryn agonizaba en el Centro Médico Hillcrest de Tulsa, Oklahoma, después de una operación a corazón abierto. "Quiero irme a casa" Oral y Evelyn Roberts estuvieron entre las pocas personas a las que se permitió visitar a Kathryn en el Centro Médico. Cuando entraron a su cuarto y se acercaron a su cama para orar por su sanidad, Oral recuerda que sucedió algo muy importante. "Cuando Kathryn se dio cuenta de que estábamos allí para orar por su recuperación, extendió sus manos como formando una barrera y las levantó hacia el cielo". Evelyn Roberts miró a su esposo y dijo: "No quiere que oremos. Quiere irse a casa". Kathryn Kuhlman fue un tesoro muy especial. Su ministerio fue pionero en llevar a nuestra generación al conocimiento del Espíritu Santo. Ella intentó mostrarnos cómo tener comunión con Él, y amarlo. Kathryn verdaderamente tenía la capacidad de revelarnos el Espíritu Santo como nuestro Amigo. Por esto, nadie puede cerrar este capítulo mejor que ella misma: "El mundo me ha llamado tonta por haberle dado mi vida entera a Alguien que nunca he visto. Sé exactamente lo que voy a decir cuando esté en su presencia. Cuando mire el maravilloso rostro de Jesús, tendré sólo una cosa para decir: 'Lo intenté'. Me entregué lo mejor que pude. Mi redención será completada cuando me encuentre frente a quien todo lo hizo posible". (Este texto fue elegido muy especialmente para mi hermana en Cristo, amiga e hija por elección, Lisette González Carico, que está sufriendo en este momento muchas pruebas. Dios se engrandecerá en su vida)

EL PODER DE LA ORACIÓN

Nuestro tema es la oración cristiana. No simplemente oración, sino oración cristiana. En Lucas once, leemos, "Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando acabó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos." Para los cristianos, la oración debe ser tan natural como el llorar y respirar de un bebé recién nacido. Oración es conversación con el Dios infinito, personal, y triuno. Oración es comunión con este Dios, comunión para la cual fuimos creados. Hay personas no cristianas que oran al sol, oran a la luna, oran a los árboles, oran al viento. Este tipo de oración, de acuerdo con la Biblia, es idolatría. Dios hace su voluntad a través de nuestra oración. Hay personas que preguntan: " Por qué debemos orar si sabemos que Dios a preordinado todas las cosas? Podemos contestar: "Dios es magnífico, y Dios es grande, y Dios es absolutamente soberano. Es por esto que la oración es extremadamente importante. Si la voluntad de Dios puede ser comparada a un círculo, entonces todas nuestras oraciones tienen que estar dentro de este círculo, o sea, de acuerdo con la expresa voluntad de Dios. Usted no puede orar afuera del círculo de revelación divina. En Juan, capítulo quince, versículo siete leemos: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho." Se dan cuenta entonces que la oración debe estar de acuerdo con la voluntad de Dios que nos ha sido revelada. El mismo Jesucristo nos indica que la oración es tan potente que puede hacer huir hasta al más poderoso de los demonios del infierno. (San Marcos 9, 16-29) Es evidente que hay una desproporción entre el inmenso valor que tiene una oración, y el escaso aprecio que le concedemos. Jesús nos dice: Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis. (San Mateo 21, 22) Jesucristo oraba mucho, incluso noches enteras. (San Lucas 6, 12) La oración es tan importante, primero, porque Dios nos ha mandado que oremos. Es por medio de nuestra oración que Dios provee cuando necesitamos. Hay un Diablo que se opone a todo cristiano. En la Primera de Pedro, capítulo cinco, comenzando con el versículo ocho, San Pedro nos dice, "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el Diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar, al cual resistid firmes en la fe." Así es que otra razón por la cual hay que orar, es que hay un Diablo que constantemente está tratando de derrotarnos y devorarnos. La gente de Dios orará y recibirá poder divino e iluminación para resistir al Diablo por medio de la sangre de Jesucristo. Jesucristo mismo, Dios encarnado, el hijo de Dios, siempre oraba. Normalmente Jesús se levantaba muy temprano por la mañana, iba a una parte solitaria y oraba. Lo vemos orando a través de toda su vida. Lo vemos orando en el Jardín de Getsemaní. Lo vemos orando en la cruz cuando estaba muriendo. Por lo tanto, para Jesús la oración era normal, como respirar. El tenía una constante comunión con su Padre Celestial, los apóstoles oraron y nos enseñaron a orar. Especialmente cuando leemos el libro de Hechos, encontramos a los apóstoles orando continuamente. En Hechos, capítulo seis, versículo cuatro Pedro dice, "Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra." Los apóstoles fueron bien instruidos por nuestro Señor y Salvador Jesucristo. La oración es muy, muy difícil. Es un ejercicio muy difícil. Podemos venir a la iglesia fácilmente. Podemos leer la Biblia fácilmente. Podemos escuchar sermones fácilmente. Podemos hacer muchas, muchas cosas con mayor facilidad que acudir a Dios y orar. ¿Por qué? Porque somos pecadores, y porque hay un demonio que nos opone. El Diablo odia cuando nos arrodillamos y oramos, sin quedarnos dormidos, a El Dios todopoderoso. Cuando oramos, nosotros sabemos que lo hacemos porque el Espíritu Santo ha generado adentro de nosotros un gran deseo de orar. Cuando oramos, Dios produce y hace nacer en nosotros el deseo urgente de comunicarnos con Dios, y de permanecer con El. La oración es normalmente dirigida a Dios Padre. Puede también ser dirigida a Dios Hijo, o a Dios Espíritu Santo, pero normalmente la oración es dirigida a Dios Padre. En Mateo, capítulo 6, versículo nueve, Jesucristo nos dice en la oración que El mismo nos enseñó: "Vosotros, pues oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos". De manera que la oración debe ser dirigida a Dios Padre, quien es la primera persona de la Sagrada Trinidad. Ahora, Dios Padre es su padre, y a El le gusta mucho oír sus oraciones. A El le gusta mucho verlo, o verla. No debemos pensar que Dios Padre es severo y transcendente y que está lejos de nosotros. Cómo podemos entonces, siendo pecadores, acercarnos de alguna manera a Dios Padre? Lo hacemos por medio de Jesucristo. La verdad es que Dios Padre nos amó desde toda eternidad y que fue El quien planeó nuestra salvación. Esto significa que debemos dirigirnos a Dios por medio de la obra de Jesucristo, por medio de su sangre. Jesucristo dijo, "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie vendrá al Padre excepto por medio de mí." Es, entonces, a través de Jesucristo, que venimos al Padre. Finalmente, tenemos que estar conscientes de que venimos a Jesucristo también por el Espíritu Santo. Leamos Efesios, capítulo dos, versículo 8 y Romanos , capítulo ocho, versículo quince. Dios nos ha dado el Espíritu de adopción por el cual lloramos "Abba, Padre". La oración la ofrecemos al Padre a través de Jesucristo, por medio del Espíritu Santo, quien Dios nos ha dado. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones. Abraham es un modelo de oración porque camina en la presencia de Dios, le escucha y obedece. La oración de Moisés es modelo de la oración contemplativa: Dios, que llama a Moisés desde la zarza ardiente, conversa frecuente y largamente con él “cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Ex 33, 11). El Evangelio muestra frecuentemente a Jesús en oración. Lo vemos retirarse en soledad, con preferencia durante la noche; ora antes de los momentos decisivos de su misión o de la misión de sus apóstoles. De hecho toda la vida de Jesús es oración, pues está en constante comunión de amor con el Padre. La oración de Jesús durante su agonía en el huerto de Getsemaní y sus últimas palabras en la Cruz revelan la profundidad de su oración filial: Jesús lleva a cumplimiento el designio amoroso del Padre, y toma sobre sí todas las angustias de la humanidad, todas las súplicas e intercesiones de la historia de la salvación; las presenta al Padre, quien las acoge y escucha, más allá de toda esperanza, resucitándolo de entre los muertos. La oración de petición puede adoptar diversas formas: petición de perdón o también súplica humilde y confiada por todas nuestras necesidades espirituales y materiales; pero la primera realidad a que debemos aspirar es a la implantación del Reino. (Tomado de Blesspod.com/ Galo Molina, Octubre 2011)

EL PODER DE LA ORACIÓN

Nada hay más poderoso que la oración; nada puede compararse con ella». Con esta cita de Juan Crisóstomo da comienzo Olive Wyon a su libro Prayer (Oración). Y no cabe la menor duda de que todo cristiano reconoce la verdad expresada por el distinguido obispo de Constantinopla. Sin embargo, no hay unanimidad en cuanto al modo de interpretar la naturaleza y el alcance del poder de la plegaria. ¿Se trata simplemente de un ejercicio de autosugestión o tiene efectividad exterior? ¿Actúa sólo subjetivamente en la persona que ora, a modo de saludable gimnasia espiritual, o influye de algún modo en Dios y en sus actos? ¿Cambia únicamente nuestro interior o -usando conocida frase- también «cambia las cosas»? Es obvio que la oración ejerce una acción poderosa en el espíritu de quien la practica. Descargar ante el trono de Dios nuestras congojas, temores e inquietudes nos reporta «la paz de Dios que excede a todo conocimiento» (Fil. 4:6-7). La confesión de nuestros pecados libera nuestra conciencia del sentimiento de culpa y, sobre la base de las promesas de Dios, nos infunde el gozo del perdón (Sal. 32:5; 1 Jn. 1:9). La acción de gracias nos hace más conscientes de la bondad de Dios manifestada en las experiencias de nuestra vida (Sal. 103). La adoración hace más nítida nuestra visión espiritual de la gloria de Dios, de sus atributos y de sus obras (Sal. 95-100). La intercesión ensancha los horizontes de nuestros intereses y nos hace más solidarios en relación con las personas por las cuales oramos; nos hace más «humanos». Todo esto equivale a un enriquecimiento espiritual preciadísimo. Pero ¿es eso todo lo que de la oración podemos esperar? Según algunos teólogos liberales, sí. Pero tanto la Escritura como la experiencia nos muestran que la expectativa del creyente puede incluir resultados objetivos, además de los meramente subjetivos, pues «en respuesta a la oración tienen lugar hechos en el mundo exterior que no se producirían de no haber sido precedidos por la oración».(1) Abundantes ejemplos bíblicos corroboran la aseveración precedente. Por la oración íntercesora de Abraham, Abimelec y su familia fueron sanados (Gn. 20:17). Las fervorosas súplicas de Ana obtuvieron como respuesta el nacimiento del hijo insistentemente pedido (1 S. 1:10-18). En contestación al clamor de Elias, Dios le concedió una resonante victoria sobre el baalismo (1 R. 18:36-40), y fueron las oraciones del mismo profeta las que influyeron decisivamente en la sequía y en la lluvia (Stg. 5:17-18). Por la oración de Elíseo fue resucitado el hijo de la sunamita (2 R. 4:33). Las súplicas del rey Ezequías le libraron de la invasión de Sennaquerib (2 R. 19:15-37) y de la enfermedad (2 R. 20:2-11). El arrepentido Manases, exiliado y cautivo en Babilonia, oró a Dios «y habiendo orado a él, fue atendido, pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino» (2 Cr. 33:12-13). Daniel oró y Dios le reveló el sueño de Nabucodonosor (Dn. 2:17-19). Atendiendo a las oraciones de Nehemías, Dios inclinó el corazón del rey persa Artajerjes para autorizar y favorecer la reconstrucción de Jerusalén (Neh. 1:4-11; Neh. 2:4), Y no son menos impresionantes algunas de las respuestas a la oración mencionadas en el Nuevo Testamento. Recuérdese la liberación milagrosa de Pedro, encarcelado y condenado a muerte (Hch. 12), o lo acontecido en la cárcel de Fílipos mientras Pablo y Silas «oraban y cantaban himnos a Dios» (Hch. 16:25-40). También la historia de la Iglesia abunda en hechos que confirman la eficacia objetiva de la oración, tanto en el orden físico como en el espiritual e incluso en el político. Serían incontables los casos de curación de graves enfermedades o de liberación asombrosa de otros peligros no menos graves, hechos que habían sido objeto de oración previa. Lutero, orante de gran fe, visitó a Melanchton en una ocasión en que éste se encontraba en estado agonizante. Su muerte parecía tan próxima como inevitable. Entre sollozos, oró Lutero pidiendo a Dios la recuperación física de su más íntimo colaborador. Una exclamación vehemente al final de la oración hizo salir a Melanchton de su estupor. Sólo pronunció unas palabras: «Martín, ¿por qué no me dejas partir en paz?» «No podemos prescindir de ti, Felipe», fue la respuesta. Lutero, de rodillas junto al lecho del moribundo, continuó orando por espacio de una hora. Después persuadió a su amigo para que comiera una sopa. Melanchton empezó a mejorar y pronto se restableció totalmente. La explicación la daba Lutero con estas palabras: «Dios me ha devuelto a mi hermano Melanchton en respuesta directa a mis oraciones».(2) Por supuesto, no todas las peticiones en favor de enfermos han sido contestadas del mismo modo. En muchos casos la curación no se ha producido. Como vimos al considerar los requisitos de la oración, debemos someternos a la soberanía de nuestro Padre, tan sabio como misericordioso. La diversidad de respuestas, positivas o negativas (a nuestro juicio), no invalida el poder de la oración. La fe que nos mueve a ella tiene en sus resultados una doble vertiente: la de los prodigios, a veces milagrosos, y la del poder espiritual para resistir las mayores adversidades. Éste es el gran mensaje de Hebreos 11:32-40. Obras filantrópicas admirables, como la de Jorge Müller en Bristol, en el siglo XIX, han puesto de relieve la efectividad de las peticiones hechas a Dios en demanda de la ayuda necesaria. La experiencia de Müller es especialmente significativa. Al emprender su obra, aquel hombre de gran fe se propuso firmemente no pedir nada a nadie sino sólo a Dios. Pese a los muchos momentos de prueba extrema que hubo de pasar, se mantuvo en su propósito y siempre en el momento oportuno llegó providencialmente la provisión solicitada al Señor. La expansión misionera y los grandes avivamientos siempre han estado asimismo estrechamente relacionados con la oración. Muchos combates contra fuerzas políticas adversas han sido ganados orando. Así se puso de manifiesto en los días de la Reforma. Bien conocido es el hecho de que la reina María de Escocia temía más las oraciones de Juan Knox que ejércitos de millares de soldados. Igualmente muestra la historia la efectividad de la oración en favor de las autoridades temporales (1 Ti. 2:2-3) con miras a una convivencia civil pacífica y al triunfo de la justicia. Sólo Dios sabe hasta qué punto las plegarias de sus hijos han influido en el curso de importantes acontecimientos históricos. Los capítulos 9 y 10 del libro de Daniel merecen reflexión profunda. El autor se sintió hondamente impresionado en la Asamblea de la Alianza Evangélica Mundial, celebrada en Singapur en junio de 1986, al escuchar el testimonio del delegado filipino. Su informe sobre la experiencia vivida por su país a principios del mismo año, cuando todo hacía temer una revolución sangrienta, destacaba el hecho de que millares de creyentes estaban orando en las iglesias rogando al Todopoderoso una solución pacífica mientras otros se manifestaban en las calles con el mismo fin. A esas oraciones atribuían él y muchos más la decisión de Fernando Marcos de abandonar el país, con lo que se evitó el temido baño de sangre. A estos ejemplos, citados a modo de botones de muestra, podríamos añadir muchos más, todos demostrativos de que la oración no es un simple ejercicio de gimnasia espiritual, sino una causa de efectos dentro y fuera de nosotros mismos. Ésta era la convicción de C.S. Lewis cuando en una de sus famosas «Cartas a Malcolm» escribía: «Si lo que en tu última carta querías decir es que debemos desechar la oración peticionaria-oración que, como tú señalas, pide a Dios que actúe a modo de "ingeniero" disponiendo acontecimientos particulares en el mundo objetivo- y limitarnos a actos de penitencia y adoración, discrepo de ti. Puede ser cierto que el cristianismo sería, intelectualmente, una religión mucho más fácil si nos dijera que es eso lo que debemos hacer. Y puedo entender a quienes piensan que esa religión sería más noble. Pero recuerda el salmo: "Señor, no soy persona de nobles pensamientos". O, mejor aún, recuerda el Nuevo Testamento. En él las oraciones peticionarias más osadas nos son recomendadas tanto por vía de precepto como por medio del ejemplo».(3) Con razón escribió Santiago; «La oración eficaz del justo puede mucho» (Stg. 5:16). José M. Martínez (Tomado de Pensamiento Cristiano)

28 de julio de 2011

LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA

Florece la flor del cactus hermosamente Más allá de la espina en la carne la belleza espera netamente. Julio/Agosto 2011 La espiritualidad Cristiana José M. Martínez Pocos conceptos son tan ricos como el de espiritualidad. Y tan expuestos a confusión. Si formulásemos una pregunta acerca de su significado, podrían darse las respuestas más diversas, algunas de ellas generadoras de problemas en la fe de determinados creyentes e incluso en la vida comunitaria de más de una iglesia. Conviene, pues, aclarar ideas, sin renunciar a los grandes beneficios que una auténtica espiritualidad cristiana comporta. Quizás, en primer lugar, conviene hacer notar que la preocupación por la dimensión espiritual de la vida no es exclusiva del cristianismo. Distingue a las religiones e ideologías orientales que, en su concepción y práctica de la espiritualidad, habrían de hacer sonrojar al mundo occidental, dominado por el más crudo materialismo. Para los hindúes, por ejemplo, la oración es la actividad más importante de la vida. Y para las otras grandes religiones de Oriente (budismo, zoroastrismo y otras de la China y el Japón), el ascetismo y la vida contemplativa son esenciales. Pero al mismo tiempo podemos afirmar que en ninguna religión humana se hallan fuentes de espiritualidad tan ricas como en la fe y la experiencia cristianas. La espiritualidad bíblica Según la enseñanza bíblica, la verdadera riqueza de un ser humano no depende de la abundancia de bienes materiales, sino de que sea «rico para con Dios» (HTMLBibleLink('Lc','12:21')). La comida, la bebida, el vestido son «añadiduras» a lo esencial de la vida humana; lo primordial es «el reino de Dios y su justicia» (HTMLBibleLink('Mt','6:33')), pues ese reino es «justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» (HTMLBibleLink('Ro','14:17')). Por el conocimiento de Cristo, el creyente piensa que todas las demás cosas pueden ser consideradas como «pérdida», tan despreciables como la «basura» (HTMLBibleLink('Fil','3:8')). En Cristo ha sido hecho hijo adoptivo de Dios, con quien puede vivir en gozosa comunión. Esta comunión halla sus formas de realización en la lectura de la Palabra de Dios, en la oración, en el culto, en la comunión fraternal y en el servicio que nace del amor. En todo esto consiste esencialmente la espiritualidad cristiana, sin que excluya hasta cierto punto -dentro de unos límites- el elemento contemplativo y determinadas formas de ascetismo. En este modo de vivir la piedad participan la mente, los sentimientos y la voluntad; se asocian el entendimiento, el corazón y la acción. La espiritualidad así entendida es un imperativo para el cristiano. Equivale a la madurez que se espera de los discípulos de Cristo (HTMLBibleLink('Heb','6:1')) y constituye el mejor antídoto contra los males causados por la carnalidad. El cristiano carnal es egocéntrico -a veces hasta el extremo de la egolatría- y su egocentrismo engendra los pecados más dañinos, tanto en su propia vida como en la de la iglesia. Téngase presente el patético cuadro descrito en HTMLBibleLink('1Co','1:10-12') y HTMLBibleLink('1Co','3:1-18'). En modo alguno puede un creyente conformarse con ser un «cristiano carnal», como si el cristianismo auténtico y la carnalidad fuesen compatibles. Ser cristiano implica sometimiento pleno al señorío de Cristo, lo que equivale a un tajo profundo en las raíces de los propios criterios, de la exaltación personal y la autocomplacencia. Así la espiritualidad deja de ser una opción voluntaria para cristianos de primera. Es un deber para cuantos invocan a Cristo diciendo: «Señor, Señor». Dicho esto, volvamos a lo antes expuesto, la necesidad de que la espiritualidad sea completa, en adecuado equilibrio de entendimiento, sentimientos y acción. Cuando alguno de estos elementos desaparece o se debilita, la espiritualidad queda empobrecida, por lo que para muchos creyentes resulta insatisfactoria. Ello explica las sanas reacciones que a lo largo de la historia se han producido cuando la espiritualidad se ha vaciado de contenido vital y sólo ha conservado formas (dogmáticas, litúrgicas, legalistas o de cualquier otro tipo). Puede servirnos de ejemplo el movimiento pietista en Alemania (siglo XVII) con su denuncia de la esterilidad espiritual a que había llegado la fría ortodoxia del protestantismo luterano. O el movimiento metodista en la iglesia anglicana del siglo XVIII. Los peligros de la superespiritualidad Ha sucedido, sin embargo, que muchos cristianos han parecido no tener suficiente con una espiritualidad «normal», bíblica, equilibrada. No conformándose con ser espirituales, han pretendido ser «superespirituales» y se han empeñado en ser más puros que los demás, más fervorosos, más fieles a la Palabra, De estos movimientos de superespirítualidad también hallamos ejemplos en la historia. Conoció alguno de ellos el judaismo postexílico. Los jasideos (heb. Hasidim = santos o piadosos), empeñados en luchar contra la helenización del judaismo y mantener la observancia de la ley judaica, cayeron en una religiosidad meramente externa, con escasa o nula piedad interior. De ese grupo surgió la secta de los fariseos. En la iglesia cristiana de los primeros siglos también hubo quienes reaccionaron contra errores o debilidades bastante extendidos, pero, en movimiento pendular, cayeron en otros errores no menos deplorables. Recuérdense el donatismo y el montanismo. En la Edad Media, el movimiento de los cátaros (del griego = puros, perfectos) tuvo mucho de positivo, pero, al parecer, cayeron en errores gnósticos y maniqueos. En su afán de pureza, llegaron a condenar la posesión de bienes terrenales y las relaciones sexuales incluso dentro del matrimonio; sólo mediante una renuncia al mundo se podía ingresar en su iglesia, fuera de la cual no había salvación. En días de la Reforma, los movimientos radicales tuvieron muchos aspectos loables, pero también asumieron en algunos puntos posturas extremas que desacreditaron el testimonio cristiano. En tiempos más recientes, algunos movimientos de «renovación», pese a lo noble de sus propósitos y de algunos de sus énfasis, han sido causa de problemas en muchos lugares al tratar de imponer su teología y formas de culto como superiores en espiritualidad a las de las iglesias más tradicionales. (Siga leyendo en la web pensamientocristiano.com)

11 de julio de 2011

ORAR CON POESÍA: EL LIBRO DE LOS SALMOS

Salmo 86: “Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes, y tú me libraste del fondo del abismo” (versículos 12-13) Queridos hermanos y hermanas: en las anteriores catequesis nos detuvimos en algunas figuras del Antiguo Testamento, particularmente significativas, en nuestra reflexión sobre la oración. Hablé sobre Abraham que intercede por las ciudades extranjeras, sobre Jacob que en la lucha nocturna recibe la bendición, sobre Moisés que invoca el perdón sobre su pueblo y sobre Elías que reza por la conversión de Israel. Con la catequesis de hoy, quisiera iniciar una nueva etapa del camino: en vez de comentar particulares episodios de personajes en oración, entraremos en el “libro de oración” por excelencia, el libro de los Salmos. En las próximas catequesis leeremos y meditaremos algunos de los Salmos más bellos y más apreciado por la tradición orante de la Iglesia. Hoy quisiera introducir esta etapa hablando del libro de los Salmos en su conjunto. El Salterio se presenta como un “formulario” de oraciones, una selección de ciento cincuenta Salmos que la tradición bíblica da al pueblo de los creyentes para que se convierta en su (nuestra) oración, nuestro modo de dirigirnos a Dios y de relacionarnos con Él. En este libro, encuentra expresión toda la experiencia humana con sus múltiples caras, y toda la gama de los sentimientos que acompañan la existencia del hombre. En los Salmos, se entrelazan y se expresan la alegría y el sufrimiento, el deseo de Dios y la percepción de la propia indignidad, felicidad y sentido de abandono, confianza en Dios y dolorosa soledad, plenitud de vida y miedo a morir. Toda la realidad del creyente confluye en estas oraciones, que el pueblo de Israel primero y la Iglesia después asumieron como meditación privilegiada de la relación con el único Dios y como respuesta adecuada en su revelación en la historia. En cuanto oración, los Salmos son la manifestación del espíritu y de la fe, en los que uno puede reconocerse y en los que se comunica esta experiencia de particular cercanía a Dios a la que todos los hombres están llamados. Toda la complejidad de la existencia humana se concentra en la complejidad de las distintas formas literarias de los distintos Salmos: himnos, lamentaciones, súplicas individuales y colectivas, cantos de agradecimiento, salmos penitenciales, y otros géneros que se pueden encontrar en estas composiciones poéticas. No obstante esta multiplicidad expresiva, pueden identificarse dos grandes ámbitos que sintetizan la oración del Salterio: la súplica, ligada al lamento, y la alabanza, dos dimensiones relacionadas y casi inseparables. Porque la súplica está animada por la certeza de que Dios responderá, y esto abre a la alabanza y a la acción de gracias; y la alabanza y el agradecimiento surgen de la experiencia de una salvación recibida, que supone una necesidad de ayuda que la súplica expresa. En la súplica, el que ora se lamenta y describe su situación de angustia, de peligro, de desolación, o bien, como en los Salmos penitenciales, confiesa la culpa, el pecado, pidiendo ser perdonado. Le expone al Señor su necesidad con la confianza de ser escuchado, y esto implica un reconocimiento de Dios como bueno, deseoso del bien y “amante de la vida” (cfr Sabiduría 11, 26), preparado para ayudar, salvar, perdonar. Así, por ejemplo, reza el Salmista en el Salmo 31: “Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! […] Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio” (vv. 2.5). Ya en el lamento, por tanto, puede surgir algo de la alabanza, que se preanuncia en la esperanza de la intervención divina y se hace después explícita cuando la salvación divina se convierte en realidad. De modo análogo, en los Salmos de agradecimiento y de alabanza, haciendo memoria del don recibido o contemplando la grandeza de la misericordia de Dios, se reconoce también la propia pequeñez y la necesidad de ser salvados, que es la base de la súplica. Se confiesa así a Dios, la propia condición de criatura inevitablemente marcada por la muerte, si bien portadora de un deseo radical de vida, Por esto el Salmista exclama, en el Salmo 86: “Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes, y tú me libraste del fondo del abismo” (versículos 12-13). De este modo, en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y se funden en un único canto que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina hacia nuestra fragilidad. Precisamente para permitir al pueblo de los creyentes que se unan en este canto, se entregó el libro del Salterio a Israel y a la Iglesia. Los Salmos, de hecho, enseñan a rezar. En ellos, la Palabra de Dios se convierte en palabra de oración -y son las palabras del Salmista inspirado- y al mismo tiempo se convierte también en la palabra del orante que reza los Salmos. Es esta la belleza y la particularidad de este libro bíblico: las oraciones contenidas en él, a diferencia de otras oraciones que encontramos en la Sagrada Escritura, no se insertan en una trama narrativa que especifica su sentido y la función. Los Salmos se ofrecen al creyente como texto de oración, que tiene como único fin convertirse en la oración de quien lo asume y con ellos se dirige a Dios. Dado que son Palabra de Dios, quien reza los Salmos le habla a Dios con las mismas palabras que Dios nos ha dado, se dirige a Él con las palabras que Él mismo nos da. Así, diciendo los Salmos se aprende a orar. Son una escuela de oración. Algo análogo sucede cuando el niño comienza a hablar, aprende a expresar sus propias sensaciones, emociones, necesidades con palabras que no le pertenecen de modo innato, sino que aprende de sus padres y de los que viven con él. Lo que el niño quiere expresar es su propia vivencia, pero el medio expresivo es de otros; y él, poco a poco se apropia de este medio, las palabras recibidas de sus propios padres se convierten en sus palabras y a través de las palabras aprende también un modo de pensar y de sentir, accede a un mundo de conceptos, y crece en ellos, se relaciona con la realidad, con los hombres y con Dios. La lengua de sus padres finalmente se convierte en su lengua, habla con palabras recibidas de otros que en este momento se han convertido en sus palabras. Esto mismo sucede con la oración de los Salmos. Se nos presentan para que nosotros aprendamos a dirigirnos a Dios, a comunicarnos con Él, a hablarle de nosotros con sus palabras, a encontrar un lenguaje para el encuentro con Dios. Y, a través de estas palabras, será posible también conocer y acoger los criterios de su actuación, acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos (cfr Isaías 55,8-9), y así crecer cada vez más en la fe y en el amor. Al igual que nuestras palabras no son sólo palabras, sino que nos enseñan un mundo real y conceptual, del mismo modo estas oraciones nos enseñan el corazón de Dios, por lo que no sólo podemos hablar con Dios, sino que podemos aprender quién es Dios y, al aprender cómo hablar con Él, aprendemos lo que significa ser hombre, en nosotros mismos. Para este propósito, parece significativo el título que la tradición judía ha dado al Salterio. Este es tehillîm, un término judío que quiere decir “alabanza”, de esta raíz verbal viene la expresión “Halleluyah”, es decir, literalmente “alabad al Señor”. Este libro de oraciones, por tanto, aunque es multiforme y complejo, con sus diferentes géneros literarios y con sus articulaciones entre alabanza y súplica, es un libro de alabanza, que nos enseña a dar gracias, a celebrar la grandeza del don de Dios, a reconocer la belleza de sus obras y a glorificar su Nombre Santo. Es esta la respuesta más adecuada ante la manifestación del Señor y la experiencia de su bondad. Enseñándonos a rezar, los Salmos nos enseñan que incluso en la desolación, en el dolor, permanece la presencia de Dios, es fuente de maravilla y de consuelo, se puede llorar, suplicar, interceder, lamentarse, pero con la conciencia de que estamos caminando hacia la luz, donde la alabanza podrá ser definitiva. Como nos enseña el Salmo 36: “ En ti está la fuente de la vida, y por tu luz vemos la luz” (Sal 36,10). Pero además de este título general del libro, la tradición hebrea ha puesto en muchos Salmos, títulos específicos, atribuyéndolos, en su mayoría, al rey David. Figura de notable profundidad humana y teológica, David es un personaje complejo, que ha atravesado las más distintas experiencias fundamentales de la vida. Joven pastor del rebaño paterno, pasando por alternantes y a veces, dramáticas experiencias, se convierte en rey de Israel, pastor del pueblo de Dios. Hombre de paz, combatió muchas guerras; incansable y tenaz buscador de Dios, traicionó el amor, y esto es característico: siempre fue un buscador de Dios, aunque pecó gravemente muchas veces; humilde penitente, acogió el perdón divino, incluso el castigo divino, y aceptó un destino marcado por el dolor. David fue un rey con todas sus debilidades, “según el corazón de Dios” (cfr 1Samuel 13,14), es decir un orante apasionado, un hombre que sabía lo que quiere decir suplicar y alabar. La relación de los Salmos con este insigne rey de Israel es, por tanto, importante, porque es una figura mesiánica, Ungido por el Señor, en el que se preanuncia en cierto sentido el misterio de Cristo. Igualmente importantes y significativos son el modo y la frecuencia con la que las palabras de los Salmos son retomadas en el Nuevo Testamento, asumiendo y destacando el valor profético sugerido por la relación del Salterio con la figura mesiánica de David. En el Señor Jesús, que en su vida terrena rezó con los Salmos, encuentran su definitivo cumplimiento y revelan su sentido más profundo y pleno. Las oraciones del Salterio, con las que se habla a Dios, nos hablan de Él, nos hablan del Hijo, imagen del Dios invisible (Colosenses 1,15), que nos revela completamente el Rostro del Padre. El cristiano, por tanto, rezando los Salmos, reza al Padre en Cristo y con Cristo, asumiendo estos cantos en una perspectiva nueva, que tiene en el misterio pascual su última clave interpretativa. El horizonte del orante se abre así a realidades inesperadas, todo Salmo tiene una luz nueva en Cristo y el Salterio puede brillar en toda su infinita riqueza. Hermanos y hermanos queridísimos, tomemos, por tanto, con la mano este libro santo, dejémonos enseñar por Dios para dirigirnos a Él, hagamos del Salterio una guía que nos ayude y nos acompañe cotidianamente en el camino de la oración. Y pidamos también nosotros, como discípulos de Jesús, “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11,1), abriendo el corazón y acogiendo la oración del Maestro, en el que todas las oraciones llegan a su plenitud. Así, siendo hijos en el Hijo, podremos hablar a Dios, llamándolo “Padre Nuestro”. Gracias. [Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:] Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Colombia, Venezuela y otros países latinoamericanos. Os invito a que aprendáis de los Salmos a hablar con Dios y, repitiendo la súplica de los apóstoles, Señor, enséñanos a orar, abráis el corazón para acoger la plegaria del Maestro, en la que toda oración llega a su culmen. Muchas gracias. [Traducción del original italiano por Carmen Álvarez ©Libreria Editrice Vaticana]

9 de julio de 2011

UNCIÓN, ALEGRÍA Y PREDICACIÓN

Yo creo que Dios tiene esta palabra para nosotros como iglesia, como pueblo de Dios. Al comenzar este PERIODO que vemos que Dios tiene buenos propósitos para nosotros, que Dios quiere levantar este pueblo y hacerlo cada día más efectivo en medio de esta ciudad. Dios quiere que se cumpla lo que Él ha dicho de que nosotros somos sal de la tierra, somos luz del mundo, somos una presencia activa. No estamos en la ciudad simplemente para adornar o para ser un elemento más, sino que la palabra del Señor dice que nosotros vamos a ser cabeza de las naciones, vamos a ser cabezas de las ciudades donde nos encontramos. Dice que nuestra descendencia va a edificar los muros caídos, va a levantar las ruinas que han permanecido durante muchos años y esa es la palabra que Dios tiene para congregación centro de oración y en este año, Dios quiere fortalecer tu vida y que tú seas parte de ese milagro que El quiere llevar a cabo aquí. En el Libro de Joel, en el Capítulo 2 comenzando con el versículo 21, sigue conmigo esta palabra. Dice allí el Señor: "tierra no temas, alégrate y gózate porque Jehová hará grandes cosas". Digan conmigo 'Jehová hará grandes cosas' 'Jehová hará grandes cosas' 'Jehová hará grandes cosas'. Amén. Deja que esa promesa penetre en tu espíritu. Dice "animales del campo, no temáis, porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos. Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová, vuestro Dios porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo y los lagares rebosarán de vino y aceite." Repitamos todos 'vino y aceite, dos elementos claves que yo quiero que tu poses tu atención sobre ello en esta noche. Dice la palabra ".... y os restituiré los años que comió la oruga, el salmón, el revoltón y la langosta, mi gran ejercito que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, El cual hizo maravillas con vosotros. Nunca jamás será mi pueblo avergonzado. Y conoceréis que en medio de Israel estoy Yo y que yo soy Jehová, vuestro Dios, y no hay otro y mi pueblo jamás será avergonzado. Y después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová y todo aquél que invocare el nombre de Jehová será salvo, porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová y entre el remanente el cual El habrá llamado." Hermanos, póngase de pie un momento. Yo quiero que tu tengas conciencia en esta noche de que tú no estás aquí para un mero evento social, yo se que casi todos aquí, pero si no estamos claro en eso, yo quiero que tomemos un momento para reconocer eso. Tú no estás simplemente aquí, porque es el fin de semana y como una costumbre religiosa tú vienes a pedir el domingo tras domingo. No estamos aquí porque alguien nos programó y estamos aquí de manera automática, o simplemente llevando a cabo un acto social religioso. Estamos aquí cada uno de nosotros porque somos gente de fe, gente que creemos que Dios le habla a su pueblo, gente que está viva en el espíritu. Yo te pido en el nombre de Jesús que le pidas al Señor que si no te sientes así ahora mismo, que avive el fuego de su espíritu que está en ti porque Cristo está en ti esta noche. Vamos a tomar un momento para clamar al Señor. Levante su voz ahora, levante su voz. Vamos a mover el espíritu en esta noche antes de traer la palabra del Señor, porque esta es una palabra fuerte para nosotros. Y yo quisiera que nadie se quedara en esta noche sin clamar al Señor un momento. Vamos a levantar nuestras voces al Señor. Comienza a mover tu espíritu, vamos a ver, vamos a escuchar ese fuego del espíritu de Dios. Vamos a suscitar y a levantar el espíritu en esta noche. Clama a Dios. Pídele al espíritu santo que te llene. Pónganse en el espíritu. No estemos mirando alrededor, póngase en el espíritu y vamos a clamarle al Señor en esta noche, que somos un pueblo que estamos aquí porque creemos que el espíritu santo nos quiere hablar. Quiero que todos estén atento en lo que estamos haciendo en este momento, estamos haciendo que nuestra espiritualidad vaya a presencia del Señor y descienda sobre cada uno de nosotros su Santo espiritu. Levante su voz al Señor. Padre te adoramos, te bendecimos. Espíritu santo llena tu pueblo, Señor. ¡Aleluya!. Te adoramos, Padre. Vamos a clamar al Señor, hermanos. Vamos a clamar al Señor, vamos a levantar la presencia de Dios en este lugar. Gracias Jesús, tu pueblo te alaba, Señor. Tu pueblo se llena de Ti. Abrimos nuestra boca, Padre, y bebemos cántaros de aguas espirituales, Señor, en esta noche. Te proclamamos Rey y Señor en esta ciudad. Padre, proclamamos que es un año de milagros, es un año de bendición, es un año de unción para tu pueblo, Padre. Te adoramos. Que se oiga esa alabanza del pueblo de Dios. Vamos a ver, no se canse de levantar su oración al Señor. Levante su oración a Dios. Crea que Dios escucha la oración de un pueblo apasionado para con El. Gracias, Jesús. Gracias, Jesús. Te adoramos, te adoramos. Levanta esa temperatura espiritual ahora. Levanta esa temperatura espiritual. Te bendecimos, Señor.

15 de junio de 2011

PRAYER

· Offer this psalm of praise to the Lord as you remember all He has done for you: The Lord reigns; Let the earth rejoice; Let the multitude of isles be glad! Clouds and darkness surround Him; Righteousness and justice are the foundation of His throne. . . . The mountains melt like wax at the presence of the Lord, At the presence of the Lord of the whole earth. The heavens declare His righteousness, And all the peoples see His glory (Psalm 97:1-2, 5-6). · Pray this confession to the Lord as you seek to keep your life free from sin: I acknowledge my transgressions, And my sin is always before me. Against You, You only, have I sinned, And done this evil in Your sight- That You may be found just when You speak, And blameless when You judge (Psalm 51:3-4). · Pause to pray this affirmation to the Lord who has done great things for you: [We look] for the blessed hope and glorious appearing of our great God and Savior Jesus Christ, who gave Himself for us, that He might redeem us from every lawless deed and purify for Himself His own special people, zealous for good works (Titus 2:13-14). · As you make your requests known to the Lord, pray for: · greater sensitivity to sin, · the ministry of your local church, · whatever else is on your heart. · Offer this closing prayer to the Lord: Now may the God of peace who brought up our Lord Jesus from the dead, that great Shepherd of the sheep, through the blood of the everlasting covenant, make you complete in every good work to do His will, working in you what is well pleasing in His sight, through Jesus Christ, to whom be glory forever and ever. Amen (Hebrews 13:20-21).

23 de abril de 2011

CELEBRACIÓN DE LA VIDA

Es posible vivir tranquilo, teniendo quizá propuestas laborales, logros, quehaceres, pero sin nunca llegar a disfrutar realmente de la vida. Esta es la realidad de los inconversos, como también de creyentes que no ha aprendido a disfrutar de la vida que Dios les ha regalado. Jesús nos dio la existencia para que sintamos el placer de estar vivos, y no solo para que podamos atravesar sus vaivenes tratando de sobrevivir hasta que Él regrese a buscarnos, o nos lleve al hogar celestial. Disfrutar la vida es una decisión que no se basa en circunstancias placenteras. Es una actitud del corazón, una decisión de disfrutar cada cosa porque cada una – aún aquellas pequeñas y aparentemente insignificantes – tiene sentido dentro del total y “gran plan” de Dios. La duda y la incredulidad son los ladrones del gozo, pero la fe sencilla, como la de un niño, desata el gozo que reside en nuestro espíritu porque el Espíritu Santo vive allí. la medida que creamos que la voluntad de Dios para nosotros es que experimentemos gozo permanente, descubriremos un poder que nos eleva por encima de las circunstancias. Nos sentimos libres para dejar nuestros problemas en las manos de Dios, mientras disfrutamos de sus bendiciones. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Juan 10:10 Tomado del Libro Ama a Dios y Disfruta la Vida Autora: Joyce Meyer Editor Agenda de Dios: Olman Rímola

26 de septiembre de 2010

DE UNA PEQUEÑA SEMILLA

Porque si tuvieras fe como del tamaño de una semilla de mostaza...

11 de agosto de 2010

LA PRIMERA MISIÓN

Ahora es el momento oportuno para dar un nuevo paso en la implantación del Reino. Los discípulos ya han recibido suficiente formación, su fe es más firme. Ya puede enviarlos a predicar la Buena Nueva del Evangelio. Están ya preparados para ir, sin Jesús, a anunciar quién es y su mensaje. Este paso será como una avanzadilla, como un ensayo, como un aprendizaje, para la misión que les llevará por todo el mundo. De momento, sólo son enviados a las poblaciones cercanas, y de dos en dos, como ayudándose mutuamente. "A estos doce envió Jesús dándoles estas instrucciones: No vayáis a tierra de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; sino id primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id y predicad diciendo que el Reino de los Cielos está al llegar. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, arrojad a los demonios; gratuitamente lo recibisteis, dadlo gratuitamente. No llevéis oro, ni plata, ni dinero en vuestras fajas, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, porque el que trabaja merece su sustento. En cualquier ciudad o aldea en que entréis, informaos sobre quién hay en ella digno; y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en una casa dadle vuestro saludo. Si la casa fuera digna, venga vuestra paz sobre ella; pero si no fuera digna, vuestra paz revierta a vosotros. Si alguien no os acoge ni escucha vuestras palabras, al salir de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies. En verdad os digo que en el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para esa ciudad"(Mt). En esta primera etapa de la instrucción a los discípulos, Jesús limita el ámbito de su predicación: les indica que vayan solamente a lugares de una cultura y ambiente muy parecido al suyo. Las dificultades no deben ser excesivas para comenzar. Luego les da el poder de hacer milagros, que deben administrar gratuitamente. Los milagros son decisivos en esta primera fase de la implantación del Reino de Dios: les ayudará a poner su confianza en Dios sin llevar dineros ni repuestos. Dios proveerá a su sustento. Se pueden acoger a la hospitalidad de las gentes viviendo como ellos viven dándoles la paz. Si les rechazan el castigo será fuerte pues Dios es misericordioso, pero también justo. Después de la primera fase de la instrucción viene una segunda en la que les previene de las dificultades. "Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, cautos como las serpientes y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en sus sinagogas, y seréis llevados ante los gobernadores y reyes por causa mía, para que deis testimonio ante ellos y los gentiles. Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué habéis de hablar; porque en aquel momento os será dado lo que habéis de decir. Pues no sois vosotros los que vais a hablar, sino el Espíritu de vuestro Padre quien hablará en vosotros. Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres para hacerles morir. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero quien persevere hasta el fin, ése será salvo. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra; en verdad os digo que no acabaréis las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre. No es el discípulo más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al amo de la casa le han llamado Beelzebul, cuánto más a los de su casa. No les tengáis miedo, pues nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno. ¿Acaso no se vende un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Por tanto, no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos"(Mt). Corderos y lobos, palomas y serpientes. Difícil equilibrio. No les oculta la enemistad que va a suscitar la palabra de salvación. El pecado lleva a que muchos se revuelvan con violencia; pero deben perseverar, no han de tener miedo pues Dios les protege como a los pajarillos, y tiene los cabellos de su cabeza contados. Ha sido llamados a una misión divina entusiasmante, pero nada fácil: no han de temer a nada ni a nadie, pero tampoco ser ingenuos y desconocer los peligros. La convicción profunda es que Dios está con ellos les ayudará. Así conseguirán el objetivo. En un tercer momento, les muestra la grandeza de su misión y la responsabilidad de los que los acepten o rechacen. No se predican a sí mismos, sino a Dios a través de la enseñanza de Jesús. "A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos. No penséis que he venido a traer la paz a la tierra. No he venido a traer la paz sino la espada. Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su misma casa"(Mt) El amor que deben predicar es de un calibre superior a los amores más dignos de la tierra; por eso habrá divisiones y guerras. El mensaje es de paz; pero de una paz que es fruto de una guerra total contra el pecado y todo lo que lleva consigo. No caben medias tintas. Por eso, "Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierde su vida por mí, la encontrará"(Mt). Su dignidad reside en que son la voz de Cristo y como tales deben ser recibidos. Ellos mismos deben ser conscientes de su dignidad. "Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. Quien recibe a un profeta por ser profeta obtendrá recompensa de profeta, y quien recibe a un justo por ser justo obtendrá recompensa de justo. Y todo el que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser discípulo, en verdad os digo que no quedará sin recompensa". Salieron los apóstoles a la primera misión, persuadidos de que deben obedecer y de que tienen la formación suficiente para realizar lo que Jesús les manda. El impacto causado por sus palabras debió ser grande. Jesús les forma de un modo práctico, no sólo teórico. Iban de dos en dos "Y habiendo marchado, predicaron que hicieran penitencia; y expulsaban muchos demonios, y ungían con óleo a muchos enfermos y los curaban"(Mc). Al cabo de unos días "Reunidos los Apóstoles con Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Y les dice: Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían tiempo para comer. Se marcharon, pues, en la barca a un lugar apartado ellos solos"(Mc).Y, una vez más, el lugar de reunión debió ser Cafarnaúm, donde estaban las barcas; de allí parten para un lugar tranquilo donde poder descansar y continuar la formación de otro modo, quizá en las fuentes del Jordán, lugar acogedor con agua y sombra. Reproducido con permiso del Autor, Enrique Cases, Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias pedidos a eunsa@cin.es

16 de abril de 2010

SOBRE PENTECOSTALISMO (ESPÍRITU SANTO, DON DE DIOS PARA LOS HOMBRES)

La palabra Pentecostal es un título que ha tomado prominencia en los círculos cristianos últimamente. ¿Qué es Pentecostal? Es un derivado nominal de la palabra "pentecostés" que se halla en la Biblia en: ..... Hechos 2:1; 20:16; 1ª Corintios. 16:8 Solamente quiere decir "cincuenta" en hebreo. Era el nombre dado a una de las fiestas de los judíos, una fiesta de agradecimiento donde se presentaban las primicias de la cosecha a Dios. Se llamaba "pentecostés" porque era justamente 50 días después de la pascua - Levíticos 23:15 Pero, en el Nuevo Testamento esta palabra cobra valor puesto que en ese día, fue el que Dios escogió derramar por primera vez el Espíritu Santo. ¡En ese día nació la Iglesia, es el natalicio de la Iglesia! La palabra Pentecostal es descriptiva de aquellos que afirman haber recibido el bautismo del Espíritu Santo como en ese día: con la señal inicial de hablar en otras lenguas. Decir: "Soy pentecostal", es decir: "Yo me identifico con lo que ocurrió en el Día de Pentecostés y creo lo que allí y entonces creyeron. Tengo la misma experiencia del Espíritu Santo (con la señal inicial de hablar en otras lenguas) como lo recibieron los apóstoles allí" La experiencia del Espíritu Santo es para todo aquel que cree en el Señor Jesucristo en esta Dispensación de la Iglesia que precisamente nació en el Día de Pentecostés. Pero, ¿es eso todo? ¿Será que solo se hablo del Espíritu Santo en ese día? En otras palabras: ¿quiénes son los verdaderos Pentecostales?
Si alguien va a decir que es Pentecostal no solo debe aceptar parte de lo proclamado en ese día, ¡sino TODO! El bautismo en el Nombre de Jesús. Y ¿qué es lo que se proclamó? Bueno, además de la experiencia del Espíritu Santo, también fue la primera vez en que se proclamó claramente el bautismo en el nombre de Jesús. A sólo diez días de haber ascendido el Señor Jesucristo, inspirado por el Espíritu Santo que acababa de recibir, el apóstol Pedro se levantó ante toda Jerusalén para decirles: “Arrepentíos, y bautícese, cada uno de vosotros, en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” Hechos 2:38 No sólo fue en el Día de Pentecostés que se habló de bautizar en el Nombre de Jesús, sino que a partir de ese momento, todos los casos de bautismo en agua fueron en el Nombre de Jesucristo. Y aún, cualquier referencia en las Epístolas, también era en el Nombre de Jesús. Por lo tanto, todo verdadero Pentecostal debe bautizar y ser bautizado en el nombre de Jesucristo. ¿Lo has hecho tú? El Señorío de Jesús: Además fue también en ese día cuando se declaró el Señorío total de Jesucristo, al decir Pedro: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a éste Jesús, a quien vosotros habéis crucificado, Dios ha hecho Señor y Cristo” Hechos 2:36 La doctrina de los apóstoles. También leemos en Hechos 2:42 que ellos "perseveraban en la doctrina de los apóstoles" La fe de los apóstoles era la fe de todos. Así que, Pentecostales son definitivamente apostólicos en su creencia y doctrina. Y así nos dice la Biblia luego que debemos nosotros creer: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo, Jesucristo mismo” Efesios 2:20 ¿Has obedecido el mandato de Pentecostés? ¡Así nació la Iglesia! ¿Has tenido o recibido la misma experiencia de Pentecostés? ¡Ese es el patrón que Dios ha dejado para toda esta dispensación!

3 de abril de 2010

LA LIBERTAD QUE OFRECE EL CRISTIANISMO

No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna." -Mahatma Gandhi Busquemos la Verdad y la Verdad nos hará libres ... Él dejó dicho: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida......

17 de junio de 2009

YO TENGO UN SUEÑO

Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. Isaías 11: 6

ORACIÓN DE LOS PERSEGUIDOS INJUSTAMENTE

Oh, Señor, ilumina nuestras vidas y humedece nuestros labios. Somos los sobrevivientes. Sobre nosotros, ha venido toda tribulación y hemos sido pacientes, aún frente a la iniquidad, los agravios y la injusticia. Hemos abandonado toda comodidad y prosperidad, voluntariamente nos hemos sometido a sufrimientos y adversidades crueles, permaneciendo en el sendero de Tu Amor. Y aún así, estamos cautivos todavía y nuestros carceleros se ensañan, pues persistimos en andar dentro de la rectitud y la ley. No hay quien nos ayude, no hay quien nos ofrezca amistad. Por el contrario, muchos de nuestros amigos se han alejado. Oh, Señor, nuestras almas han probado la agonía, la turbación, la incertidumbre y el miedo, tolerando por Tu Amor la indignidad que los tiranos nos han infringido. Escúchanos ahora, libéranos de la opresión de los que con fuerza empuñan las armas, no permitas que nos destrocen con uñas y dientes. Estamos de pie humildemente ante Ti. Oh, Señor, fortalécenos con un espíritu nuevo, ilumina nuestros ojos que ya no tienen lágrimas, enséñanos tus maravillas en la oscuridad de la noche, enséñanos ese día en el que volvamos a ser hermanos en un sitio lleno de árboles frondosos, cargados de frutos, abre ante nosotros las puertas de un mundo feliz y que soplen sobre nuestros hijos las frescas brisas de tu poder. Si hemos sido indignos de Tu Bondad, perdónanos, como nosotros perdonamos a los que nos afligen. Sigue protegiéndonos pues sólo por Ti no hemos perecido. Y permítenos volver al hogar. Amén y amén.

EN EL PRINCIPIO...

EN EL PRINCIPIO...
el ESPÍRITU DE DIOS rielaba sobre las aguas

INMERSOS EN EL AMOR DE DIOS

INMERSOS EN EL AMOR DE DIOS
NO PERECEMOS, ANTES, REVERDECEMOS

LA VOZ EN EL DESIERTO

LA VOZ EN EL DESIERTO

CON RELACIÓN DE TIEMPO

LISTA DE BLOGS CRISTIANOS

PARA SOLICITAR INFORMACIÓN Y ORACIONES

milagrosmatagil@yahoo.com
6599421@gmail.com
Teléfono: +58-0414-832-1653


Ministerio Integral Sion, Barquisimeto, estado Lara, VE
Teléfono: +58+0416-954-8355

TODO SE LO DEBO A ÉL, MARCOS YAROIDE

ÉL TE HARÁ DESCANSAR

ÉL TE HARÁ DESCANSAR
SALMO 23